“No sale de la cama”: la mentira que escondió el cadáver de su padre durante 3 años

Escondió el cadáver de su padre durante tres años, según la reconstrucción publicada sobre el caso, mientras explicaba a quienes preguntaban por él que estaba enfermo y ya no podía salir de casa. El hallazgo de los restos de Senio, un vecino de Torrelavega de 88 años, ha abierto una investigación sobre su hija, el marido de esta y el posible cobro de la pensión del fallecido.

Durante mucho tiempo, la ausencia de Senio pareció tener una explicación. El hombre había sufrido un importante deterioro de salud, necesitaba una silla de ruedas y apenas veía. Cuando algún vecino se interesaba por él, su hija respondía que permanecía en casa porque ya no podía bajar a la calle.

La versión se mantuvo hasta que la preocupación de una persona cercana acabó provocando la intervención de la Policía Local. Los agentes entraron el pasado 4 de septiembre en la vivienda familiar, situada en el barrio de Torres, y encontraron el cadáver del anciano en un avanzado estado de descomposición.

El aviso que rompió años de silencio

La actuación comenzó después de que un vecino alertara a la Policía Local de Torrelavega. Llevaban demasiado tiempo sin ver a Senio y las explicaciones ofrecidas por su familia ya no parecían suficientes.

Cuando los agentes accedieron a la casa, la hija y su marido no se encontraban allí. En el interior localizaron los restos del hombre entre una gran acumulación de basura y enseres, según la información publicada por Cadena SER Cantabria.

Los policías esperaron hasta que regresaron los dos residentes de la vivienda. De acuerdo con la reconstrucción de El Español, ambos habrían negado inicialmente que el anciano estuviera muerto. Posteriormente, siempre según este medio, reconocieron que habían ocultado su fallecimiento para continuar cobrando la pensión.

El matrimonio fue detenido, aunque quedó en libertad al día siguiente a la espera de comparecer ante el juzgado. La Policía Nacional y la autoridad judicial asumieron las diligencias para determinar las circunstancias de la muerte y las posibles responsabilidades de las personas que convivían en el inmueble.

“Está en cama y no puede bajar”

Senio era una persona conocida en Torres. Había nacido en Corral de Cochinillos, perteneciente al municipio cántabro de Cartes, pero pasó buena parte de su vida en este barrio de Torrelavega. Trabajó en la mina de zinc de Reocín y era aficionado al fútbol y al Real Madrid.

Luis, un antiguo hostelero de la zona, lo recordaba como uno de sus clientes habituales. Acudía por la mañana al establecimiento para tomar café y orujo, una costumbre que fue abandonando cuando su salud empeoró.

Tras una hospitalización, empezó a utilizar una silla de ruedas y perdió la visión. Su hija todavía lo acompañó alguna vez al bar, pero dejó de hacerlo. Cuando Luis preguntaba por él, recibía siempre una respuesta parecida: “Está en cama y no puede bajar”.

El paso del tiempo convirtió aquella frase en una explicación casi automática. Sin embargo, nadie veía al anciano, ni siquiera asomado a una ventana o acompañado por algún familiar. Su desaparición de la vida cotidiana del barrio terminó por resultar demasiado prolongada.

Otros vecinos entrevistados por Antena 3 aseguraron que hacía mucho tiempo que no lo veían y señalaron que alrededor de la vivienda se percibía un olor intenso. La hija, abordada por el programa, evitó ofrecer explicaciones detalladas sobre lo sucedido.

El tiempo que llevaba muerto todavía debe acreditarse

Aunque algunas informaciones sitúan la muerte de Senio unos tres años antes del hallazgo, ese periodo todavía debe confirmarse mediante la autopsia y las diligencias judiciales. Las primeras noticias hablaban de varios meses o incluso de un intervalo más prolongado.

El cadáver no presentaba signos aparentes de violencia, pero corresponde al análisis forense establecer la causa y la fecha aproximada del fallecimiento. También deberá aclararse si la acumulación de objetos y desperdicios en la vivienda pudo retrasar la detección del cuerpo o dificultar el acceso al inmueble.

Esta precisión resulta importante: el periodo de tres años forma parte de la reconstrucción periodística del caso, pero aún no consta como una conclusión forense o judicial definitiva.

Una pensión y hasta 42 pagos bajo sospecha

El posible móvil económico ocupa una parte central de la investigación. La sospecha de que la mujer escondió el cadáver de su padre para seguir disponiendo de su pensión deberá contrastarse con los movimientos de la cuenta bancaria, la fecha real de la muerte y la identidad de quienes retiraron o utilizaron el dinero.

La Seguridad Social establece que el fallecimiento de un pensionista debe comunicarse aportando el correspondiente certificado de defunción. Cuando se abona una mensualidad posterior al mes de la muerte, ese pago tiene la consideración de indebido y se inicia el procedimiento para reclamar su devolución.

Si Senio percibía una pensión ordinaria distribuida en 14 pagas, tres años representarían hasta 42 abonos entre mensualidades y pagas extraordinarias. Es una comparación orientativa, no la cantidad que necesariamente se habría cobrado en este caso: no se ha hecho público el importe de su prestación, la fecha exacta del fallecimiento ni durante cuánto tiempo continuaron produciéndose ingresos.

La investigación tendrá que responder a varias preguntas concretas: quién tenía acceso a la cuenta, qué cantidades se retiraron después de la muerte, si se comunicó alguna variación a la Seguridad Social y cuál fue el destino final del dinero.

Una investigación todavía abierta

La detención y posterior puesta en libertad del matrimonio no equivalen a una condena. Por el momento, las diligencias deben determinar qué ocurrió dentro de la vivienda y qué conocimiento tenía cada uno de los investigados.

También queda por esclarecer si ambos participaron en la ocultación, cuándo supieron que Senio había muerto y si existió una actuación deliberada para mantener activa la pensión. Determinar si la hija escondió el cadáver de su padre durante tres años exige algo más que las sospechas del vecindario: harán falta el informe forense, la documentación bancaria y las pruebas recopiladas por la Policía Nacional.

Detrás del componente más perturbador del caso queda la historia de un hombre que fue desapareciendo poco a poco de la vida del barrio. Primero dejó de acudir al bar. Después dejó de ser visto por sus vecinos. Durante años, una frase aparentemente sencilla bastó para explicar su ausencia: no salía porque estaba en la cama. Nadie imaginó entonces lo que podía esconder aquella respuesta.